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Den gracias a Dios por todo

Reflexión homilética del 19 de agosto de 2018

La liturgia de este domingo nos sigue presentando el capítulo seis de San Juan.

¡Cinco domingos en los que dejó de lado a nuestro compañero del ciclo B, Marcos!

Y todo… ¡para que comulgues!

Proverbios

“La Sabiduría se ha construido una casa con siete columnas”.

La primera comunidad cristiana construyó su casa con cuatro columnas.

Las del Antiguo Testamento no las conocemos.

La comunidad cristiana sí tiene cuatro columnas fundamentales según los Hechos de los Apóstoles:

“Y perseveraban en la enseñanza de los apóstoles (1), en la comunión (koinonía) (2), en la fracción del pan (Eucaristía) (3) y en las oraciones (4)” (Hch 2,42).

La liturgia nos recuerda hoy este párrafo de los Proverbios para que veamos en el banquete del pan y el vino, que la Sabiduría nos ofrece una imagen y anticipo de la Eucaristía de la que nos habla el Evangelio.

Salmo 33

“Gustad y ved qué bueno es el Señor”.

Tratándose de un alimento, y más si se trata de alimento espiritual (Pan y Vino consagrado), hay que comerlo para sacarle gusto.

Cuando llegué al Perú hubo ciertos sabores que me resultaron “raros”, por decirlo de alguna manera. Por ejemplo, el mango… Luego, comiéndolo varias veces, me encantó.

Lo mismo pasa con la Eucaristía:

Los que comulgan con frecuencia necesitan hacerlo a diario.

Los que no comulgan nunca, no sienten necesidad de recibirla.

Para todos, la invitación del salmo 33:

“Gustad y ved qué bueno es el Señor, dichoso el que se acoge a Él”.

San Pablo

El Apóstol nos advierte: “fijaos bien cómo andáis, no seáis insensatos, sino sensatos, aprovechando la ocasión, porque vienen días malos”.

¡Los estamos viviendo!: La Iglesia lo tiene difícil.

Y muchas veces no solo es causado por los que están fuera de ella; también dentro hay tensiones, divisiones, desobediencias, falta de amor…

¿Qué aconseja Pablo?

Algo muy importante.

Toma nota porque no es solo uno sino varios consejos.

+ “No andéis emborrachándoos con el vino” sino dejaos llevar por el Espíritu Santo que nos ofrece la Eucaristía, el Vino consagrado, en el que Él hace presente a Jesús cada vez que se hace la consagración.

Y añade Pablo:

+ “Alternad cantos y salmos”.

+ “Cantad y tocad con toda el alma”.

+ “Dad gracias a Dios por todo en nombre de Jesús”. Dar gracias es algo muy importante que nos enseñó personalmente Jesús.

Evangelio

Hay muchos hoy que repiten lo que los judíos comentaban ante las afirmaciones de Jesús:

“¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?”

Hoy como ayer no debemos entender que al comulgar comamos físicamente el Cuerpo de Cristo, masticando su carne…

Como lo aprendimos de pequeños en el Catecismo, se trata de la presencia sustancial (o metafísica), y milagrosa de Cristo en el Pan y el Vino, como obra del poder infinito de la Trinidad.

Por eso, frente a las dudas de ayer y de hoy, Jesús nos enseña sobre su regalo eucarístico:

+ Jesús “pan vivo bajado del cielo”.

El que vino del cielo es el único que conoce el camino de regreso.

+ “El que come de este Pan vivirá para siempre”.

Es un pan que asegura la vida eterna; no como el de aquí que hay que seguir comiendo para seguir viviendo.

+ “Si no coméis y bebéis no tenéis vida”.

El que no come no vive.

Tenemos la vida de Dios: ¡comamos!

+ “Yo lo resucitaré”.

Jesús es el único que puede prometerlo y cumplir.

+ “El que me come y bebe habita en mí y yo en él”.

¡Qué maravilla! Jesús habita en ti y tú habitas en Jesús.

+ “El Padre que vive me ha enviado”:

El Hijo vive por el Padre. Tú vivirás por Jesús.

¡Eso queremos, Jesús! Habitar en ti para sentir al Padre y al Espíritu Santo contigo.

¡Ningún amigo te ha dado más que Jesús!

Por Mons. José Ignacio Alemany Grau