jueves, diciembre 13, 2018
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Octubre y el rezo del Rosario

El Rosario es la oración por excelencia a la Virgen María, “la  más sencilla, pero la más llena de contenidos bíblicos”  ( S. Juan Pasblo II).  Singularmente en octubre, mes del Rosario, deben rezarlo, todos los días, los  cristiano que se precian de especial devoción a la Madre de Dios.

Los antiguos griegos y romanos solían poner una corona de rosas a las imágenes  de sus dioses- de ahí, el nombre de rosario-.  Los cristianos coronan a la Virgen con 50  avemarías en cada parte del rosario, que, completo,  consta de  150 y recuerda el Salterio, del que deriva. Durante el rezo se medita en los misterios de la vida de Cristo, por lo que el Papa San Juan Pablo II decía que, mientras se reza el Rosario, se mira a Jesús con los ojos de la Virgen y que Ella acompaña en esta oración. El rezo del Rosario lo propagaron los frailes dominicos.

Cuenta la tradición que la Virgen se apareció a Santo Domingo ( siglo XIII) y le  recomendó el rezo del Salterio para convertir a los albigenses. A continuación, el santo  se dirigió a la catedral de Toulouse y rezó, allí, el Santo Rosario acompañado de multitud de fieles. Una gran tormenta de vientos y rayos los tenía atemorizados; pero  se calmó y todos vieron a la Virgen con los brazos alzados al Cielo.  Más tarde, al Beato Alano de la Roche, fraile dominico, se le apareció la Virgen mientras Europa estaba asolada por la “peste negra”, y le pidió avivar el  rezo del Rosario. Fue Alano,  junto con otros dominicos, quienes  dieron, al Rosario, la forma actual.

Cuando se desarrollaba la batalla de Lepanto ( siglo XVI), el Papa San  Pío V, dominico,  pidió, a todos los cristianos,  que rezaran el Rosario, y él  tuvo una visón  de  la victoria de la flota de los cristianos, que se confirmó al llegar la noticia días más tarde. En acción de gracias, instituyó la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias el 7 de octubre, que cambió el Papa Gregorio  XIII por la “fiesta  de Nuestra Señora del Rosario”. El Papa León XIII (1878-1903) fue llamado el Papa del Rosario, y sobre esta oración tan popular y poderosa, muy querida por los papas desde el siglo XVI, escribió 12 encíclicas.  Lo calificó de “remedio para acostumbrarse a pensar en lo eterno que nos espera”.  En 1978, al ser elegido Papa San Juan Pablo II, dijo, del Rosario, que era su “oración predilecta”.  Este mes, el Papa Francisco ha pedido, a todos los católicos, rezar el Rosario cada día de octubre con espíritu de comunión y penitencia por la Iglesia, coronándolo con la oración de León XIII al Arcángel  San Miguel y la de “Sub tuum praesidium” (Bajo tu amparo nos acogemos…), una de las más antiguas dirigidas a la Virgen.

Por Josefa  Romo