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No saben lo que piden

Reflexión dominical 21 de octubre de 2018

Un día escribió Santiago “ustedes piden y no reciben”.

El apóstol da una explicación:

“Pedís y no recibís porque pedís mal, con la intención de satisfacer vuestras pasiones”.

Hoy será Jesús mismo quien nos dé una buena lección sobre el pedir a Dios, cuando hable con Santiago y Juan, que por cierto iban bien interesados.

Isaías

La lectura de hoy es un breve párrafo, dos versículos nada más, que pertenecen al cuarto “cántico del siervo del Señor”, que después de contar todos los sufrimientos de su vida y llegar incluso a la muerte por los pecados de los otros, será glorificado por Dios:

“Por los trabajos de su alma verá la luz, el justo se saciará de conocimiento”.

Este será el fruto de su sacrificio:

“Mi siervo justificará a muchos porque cargó con los crímenes de ellos”.

De esta manera, caminando hacia el fin del año litúrgico, la Iglesia nos muestra cómo va Jesús enseñando a los apóstoles la fecundidad que tendrá una vida entregada por la conversión de los pecadores será: “Una multitud porque expuso su vida a la muerte y fue contado entre los pecadores (Él que era la santidad misma). Él tomó el pecado de muchos e intercedió por los pecadores”.

Hebreos

Nos invita a acercarnos “al trono de la gracia, para alcanzar misericordia”.

Podemos acercarnos a la misericordia de Dios porque tenemos quien interceda por nosotros con todo derecho, porque es el sumo sacerdote que ciertamente ha llegado después de dar la vida por nosotros hasta el mismo trono de Dios. Es Jesucristo.

No hay que dudar: Dios nos escucha porque Jesús ha ido delante de nosotros interponiendo su sangre bendita ante la justicia de Dios y Él quiere interceder por cada uno de nosotros porque se sacrificó voluntariamente.

Versículo aleluyático

En este día recibamos con gozo la gran lección que nos ha dado nuestro Maestro “manso y humilde de corazón”:

“El hijo del hombre ha venido para servir y dar su vida en rescate por muchos”.

Ese es el plan del Redentor:

“Salvarnos a cada uno de nosotros”.

De nuestra libertad depende aprovechar la sangre de nuestro Redentor.

Evangelio

Cuánta paciencia tuvo Jesús.

Él tenía unos predilectos pero no conectaban con Él.

Llevó a Juan y Santiago al Tabor.

Pero su pensar estaba en lo material, en un reino de aquí y para aquí:

Se acercan a Jesús para pedirle un puesto a su derecha e izquierda en su Reino.

Jesús les hace una pregunta que ciertamente no entienden pero dirán que sí con tal de conseguir su propósito.

La pregunta fue:

“¿Son capaces de beber el cáliz que yo he de beber?”

La respuesta fue rápida:

“Lo somos”.

Jesús a su vez les da una respuesta profética que tampoco entienden:

“El cáliz que yo voy a beber lo beberéis pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo”.

Cuando venga el Espíritu Santo lo entenderán todo.

Los otros diez, que pensaban más o menos lo mismo, se indignan y Jesús tiene que apaciguarlos a todos explicándoles porqué ha venido al mundo y para qué.

Su camino es un bautismo de sangre y explica:

“El que quiera ser grande que sea vuestro servidor y el que quiera ser primero sea esclavo de todos”.

Nosotros quizá, consciente o inconscientemente, decimos también a todo el plan de Dios que sí.

Pero a la hora de la verdad, ¿podríamos contestar hoy a Jesús: sí puedo beber hoy el cáliz que bebiste tú y que beben los tuyos a través de la historia de la salvación?

Recuerda, amigo, la gran enseñanza de este día:

“El hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos”.

El camino hacia Dios es el de la humildad y servicio.

 

José Ignacio Alemany Grau