lunes, marzo 18, 2019
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Nuestra Señora de Knock

De las diversas apariciones marianas aprobadas por la Iglesia, una en particular se caracteriza por el silencio de María, pues la Virgen no pronunció palabra alguna.

Fue treinta años después de la gran hambruna que se padeció en Irlanda entre 1845 y 1849, y que ocasionó una dramática disminución de más de una cuarta parte de la pobación, entre muertos y emigrantes, cuando la Virgen se apareció para traer consuelo y confianza a los irlandeses, pues su sufrimiento se extendió por varias décadas.

La Virgen María quiso manifestarse en la aldea de Knock, provincia de Connacht, al anochecer del 21 de agosto de 1879 bajo una intensa lluvia. Nuestra Madre del Cielo no vino sola, le acompañaban su divino Hijo en la forma de un cordero sobre un altar, su esposo san José, san Juan evangelista y varios ángeles.

La aparición, sobre el muro de la iglesia de san Juan Bautista, tuvo una duración de dos horas, envueltas las figuras en una luz brillante y suspendidas en el aire. La Virgen, vestida de blanco y una larga túnica abrochada al pecho, lucía una corona con una rosa al frente y miraba al cielo con sus manos en expresión orante. A su derecha, san José oraba con sus manos juntas y la cabeza inclinada hacia delante. A su izquierda, san Juan evangelista, con mitra de obispo, en su mano izquierda sostenía un libro y con la derecha parecía predicar. Junto a ellos, sobre un altar estaba el cordero frente a una cruz y rodeado por seis ángeles. Durante el providencial suceso, una anciana mujer de nombre Brigid Trench, intentó besar los pies de la Virgen, pero no lo logró, pues como ella misma dijo: -No había cuerpo que besar, era una aparición.

La manifestación fue contemplada por dos docenas de personas, de quienes quince declararon durante la investigaciones de la Comisión conformada por monseñor John MacHale, arzobispo de Tuam. En 1936, luego de que una segunda Comisión ratificara la primera, tras interrogar nuevamente a tres testigos que aun vivían, Mary O’Connell, Patrick Byrne y John Curry, la Sede Apostólica aprobó la aparición. En 1954, con ocasión del Año Mariano proclamado por Pío XII, se coronó una escultura de la Virgen ante más de un millón de peregrinos que acudieron a Knock. Uno de los videntes, John Curry, tras emigrar de Irlanda murió en Estados Unidos, donde se conservan sus restos, en la catedral de san Patricio de Nueva York.

La antigua iglesia se convirtió en santuario mariano, y en 1967 se edificó la nueva basílica sobre 32 pilares elaborados con piedra procedente de cada uno de los 32 condados de Irlanda.

El mensaje silente de Knock implica un llamado a la vida Eucarística para redoblar la fe y la disposición a vivir en Cristo, pues María quiso llamar a la puerta de las conciencias en un elocuente silencio que se ha interpretado teológicamente como un recuerdo del Apocalipsis, con estas palabras: “María se apareció con su esposo terrenal, san José, y con su hijo adoptivo, san Juan Evangelista, y llevaba la corona de oro de la Reina del Cielo. En el centro del altar brillaba el Cordero inmolado, como san Juan lo vio en el Apocalipsis, sobre el altar de oro del cielo. Tal vez no todos saben que el verbo en inglés to knock significa ‘llamar’. En el libro del Apocalipsis, san Juan refiere las palabras de Cristo: -Si alguno escucha mi voz y abre la puerta, yo entraré a él y cenaré con él y él conmigo (Ap 3,20). Esto nos dice la Escritura, y esto nos sugiere también la lectura de los tiempos que estamos viviendo. Jesucristo llama a la puerta de nuestro corazón, llama al umbral de nuestra vida y espera que lo dejemos entrar para poder cumplir sus promesas. La llamada de la aparición de Knock es elocuente, pues los tiempos están maduros y la Madre nos invita a unirnos a su obra de corredención. Dejémosle a san Juan mostrarnos el libro que nos indica qué hacer para participar en la victoria final sobre el Dragón. Apresurémonos y no dejemos escapar la ocasión de estar entre los que ‘le vencieron gracias a la sangre del Cordero y a la palabra de testimonio que dieron, porque despreciaron su vida ante la muerte’ (Ap 12,11)”.

Con ocasión de las celebraciones del centenario de la aparición en Knock, el papa santo Juan Pablo II acudió al santuario en septiembre de 1979. Allí estuvo santa Teresa de Calcuta en junio de 1993; y el papa Francisco, durante el Encuentro Mundial de las Familias, en agosto de 2018.

Por Roberto O’Farrill

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