sábado, marzo 16, 2019
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“Mamarrachadas”

Se titulan “Catolicadas” pero bien podrían llamarse “Mamarrachadas”. Una serie de videos animados producidos en México, supuestamente educativos y cuyo contenido poco tiene de católico. Tanto como sus autores, o más bien autoras: las Católicas por el Derecho a Decidir. Un movimiento que, desde hace mucho tiempo, demostró que lejos está de representar un pensamiento objetivo dentro de la Iglesia, incluso “disidente” si se quiere.

Unas pocas horas antes de la llegada del Papa Benedicto XVI a México, el viernes 23 de marzo pasado, llamó mi curiosidad un enorme cartel espectacular colocado en una de las principales avenidas de León, en Guanajuato. En el mismo era posible leer “Catolicadas” y ver la imagen de una monjita en dibujos animados. En ese momento nadie supo decirme a qué aludía tal publicidad que, evidentemente, había costado sus buenos billetes.

En los últimos días descubrí de que se trataban las benditas “Catolicadas” y reforcé las sospechas. Porque al ver algunos de los capítulos (sólo agrego uno abajo) de esta serie, se puede concluir que las Católicas por el Derecho a Decidir gozan de generosos patrocinios. De otra manera resultaría imposible pagar las cantidades necesarias para lograr la calidad de imagen y animación de la serie.

Pero más allá de la cuestión económica, resulta claro el hilo conductor de los episodios: el feminismo radical como arma para golpear a la Iglesia. El esquema resulta de manual: la protagonista es una monjita muy simpática. No por nada se llama “sor Juana”, en referencia a la religiosa sor Juana Inés de la Cruz, poeta e ícono de las feministas mexicanas.

Según esta historia animada sor Juana tiene la capacidad de hablar directamente con Dios y hasta le da lecciones. Porque Dios, en lugar de ser omnipotente, es todo un ignorante. Entonces esta monjita le informa que el Papa Benedicto XVI es un encubridor de pederastas, que se “ha atrevido” a excomulgar a las mujeres abortistas y que manipula la Iglesia por su conveniencia. Y luego aparece el padre Beto, sacerdote estereotipo del oscurantismo, misógino, homófobo y politiquero. Claro, la religiosa “heroína” lo enfrenta para hacer justicia y, de paso, defiende los derechos de los homosexuales a casarse, el Estado laico, le recomienda a una joven mentir durante una confesión y la impulsa a usar anticonceptivos. Todo esto citando algunos pasajes de la “Gaudium et Spes”, el documento del Concilio Vaticano II y otros escritos eclesiásticos.

Entrar en el mérito de cada tema resulta inútil, porque el pensamiento detrás de la serie sencillamente no es católico. Y no se trata sólo de los asuntos de vida y familia, sobre los cuales existen –incluso dentro de la Iglesia- acercamientos diversos a la propia doctrina. El contenido de las animaciones está fuera de cualquier posible consideración, porque sólo pretende confundir presentando como verdad absoluta argumentos sin fundamento.

Como bien dijo el Papa apenas el lunes pasado: “Conocemos también hoy a un tipo de cultura donde no cuenta la verdad, donde cuenta sólo la sensación, el espíritu de calumnia y de destrucción. Una cultura que no busca el bien, cuyo moralismo es una máscara para confundir y destruir, donde la mentira se presenta en forma de verdad y de información. A esta cultura la calificó, sin rodeos, como la “pompa del demonio”.

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